Vendimia más temprana, vinos diferentes: el cambio climático también transforma la gestión de las barricas

Uno de los múltiples pasillos de la bodega Marqués de Riscal, experta en gestión de barricas, durante la vendimia y a lo largo del año. Foto: Barena.

Vendimia más temprana, vinos diferentes: el cambio climático también transforma la gestión de las barricas

Cada año, cuando comienza la vendimia, se repite una de las decisiones más importantes de una bodega: cuándo recoger la uva. Una buena gestión de barricas contribuye a una vendimia lograda.

Uno de los múltiples pasillos de la bodega Marqués de Riscal, experta en gestión de barricas, durante la vendimia y a lo largo del año. Foto: Barena.

El cambio climático no se detiene en el viñedo, sino que redefine, mes a mes, la gestión de las barricas en la bodega: cuánto tiempo puede seguir aportando cada una, cuándo conviene comprar una nueva y cuándo tiene sentido regenerarla.

Durante siglos, el calendario de vendimia estuvo condicionado principalmente por la evolución de la madurez, las características de cada parcela y las condiciones meteorológicas del año. Hoy, a estos factores se suma uno estructural: el aumento de las temperaturas está modificando la fenología de la vid y adelantando progresivamente la maduración.

La evidencia científica es clara. En numerosas regiones vitivinícolas del mundo, las fechas de vendimia se han adelantado aproximadamente entre dos y tres semanas durante las últimas décadas. El aumento de temperatura acelera las principales etapas fenológicas de la vid y desplaza la maduración hacia periodos más cálidos del verano.

Específicamente en Rioja, este fenómeno ya es una realidad . Estudios específicos sobre Tempranillo en la DOCa Rioja proyectan un adelanto de las distintas fases fenológicas, especialmente del envero y de la maduración. En determinados escenarios climáticos, la madurez podría alcanzarse entre varios días y más de dos semanas antes hacia mediados de siglo, dependiendo de la zona y del escenario considerado.

Cuando la madurez llega antes: ¿cómo optimizar la gestión de tu parque de barricas?

La cuestión no es únicamente que la vendimia comience antes. El verdadero desafío está en cómo evoluciona la composición de la uva durante ese proceso.

Una temperatura más elevada acelera la acumulación de azúcares y puede provocar un desfase entre distintos componentes de la madurez. Esto puede traducirse en una combinación de mayor grado alcohólico potencial, menor acidez y una evolución diferente de los compuestos responsables del color, la estructura y determinados precursores aromáticos.

Las viñas de la bodega Aiurri (Carraovejas) en Rioja Alavesa. Foto: Barena.

Es decir, alcanzar la madurez tecnológica no significa necesariamente alcanzar al mismo tiempo el equilibrio óptimo entre azúcares, acidez, compuestos fenólicos y expresión aromática.

Este fenómeno plantea un reto fundamental para el enólogo: conseguir vinos equilibrados y complejos en un contexto en el que el viñedo está evolucionando hacia condiciones de maduración cada vez más cálidas.

Por eso la adaptación al cambio climático no puede limitarse a una única decisión. Implica actuar en el viñedo, en la elección del material vegetal, en el manejo de la cubierta vegetal y de la superficie foliar, en la gestión del agua, en la fecha de vendimia y, posteriormente, también en la elaboración y crianza. La investigación reciente sobre viticultura climáticamente resiliente insiste precisamente en la necesidad de combinar diferentes estrategias de adaptación.

Y esa adaptación llega, tarde o temprano, hasta la propia gestión de las barricas.

La vendimia cambia: la gestión de las barricas también debe adaptarse

Aquí aparece una cuestión menos evidente, pero especialmente importante: el cambio climático no termina cuando la uva entra en bodega.

Si el perfil de la materia prima cambia, también puede cambiar la estrategia de elaboración y crianza y con ella, la gestión de las barricas.

Una uva con mayor madurez azucarada, menor acidez y una evolución fenólica diferente puede requerir una gestión más precisa de la extracción, del oxígeno y del roble durante la crianza.

La barrica no es simplemente un recipiente. Es una herramienta enológica que participa en la evolución del vino mediante una compleja interacción entre roble, oxígeno y vino. Su estado, su historia de uso y la disponibilidad de compuestos extraíbles del roble condicionan el tipo de aporte que puede realizar durante la crianza.

Y aquí aparece una cuestión económica y de sostenibilidad cada vez más relevante para las bodegas:

¿Es necesario sustituir una barrica simplemente porque ha perdido parte de su capacidad enológica, o es posible recuperar esa capacidad?

Del concepto de reutilización a la regeneración enológica: repensar la gestión de las barricas

Una barrica usada no es necesariamente una barrica agotada.

Con el tiempo, el uso continuado provoca cambios en la superficie interna de la barrica. Se depositan compuestos procedentes del vino, principalmente materia tartárica y otros residuos, mientras que la fracción de roble directamente disponible para interactuar con el vino va disminuyendo.

La consecuencia es conocida por cualquier enólogo: una barrica que inicialmente aportaba determinadas características aromáticas y estructurales puede convertirse progresivamente en una barrica con una menor capacidad de interacción con el vino.

Tradicionalmente, la solución ha sido retirar estas barricas y sustituirlas.

Pero existe otra posibilidad: regenerarlas.

Barricas regeneradas en la fábrica de Barena en Viana. Foto: Barena.

Con Barena®, recuperar el potencial enológico de la barrica

El sistema de regeneración Barena® parte precisamente de esta idea: una barrica usada puede recuperar gran parte de su funcionalidad sin necesidad de desmontarla.

El proceso actúa sobre la superficie interna de la barrica mediante un protocolo integral de regeneración. 

Se elimina una capa extremadamente superficial del roble, se retiran los depósitos que interfieren en la interacción roble-vino y se recupera mediante tratamiento térmico una superficie de roble con capacidad de interacción enológica.

El proceso incluye además etapas destinadas a la higienización y al control microbiológico, un aspecto especialmente relevante en barricas que han tenido varios ciclos de uso.

Para la bodega, esto se traduce en una forma distinta de gestionar el parque de barricas: en lugar de pensar únicamente en renovación, se incorpora la regeneración como palanca habitual.

El objetivo no es convertir una barrica usada en una barrica nueva.

El objetivo es diferente: recuperar de forma controlada una herramienta enológica que ya existe.

Y esta diferencia es importante.

Porque desde el punto de vista de una bodega, regenerar no significa simplemente prolongar la vida física de una barrica. Significa poner nuevamente su roble en condiciones de desempeñar una función dentro de una estrategia de crianza.

En un contexto climático cambiante, la gestión de las barricas adquiere otra dimensión

El cambio climático está obligando al sector vitivinícola a revisar muchos de sus paradigmas.

Ya no basta con producir más eficientemente. Es necesario utilizar mejor los recursos disponibles, reducir consumos innecesarios y aumentar la capacidad de adaptación de las bodegas.

La barrica es un buen ejemplo.

La fabricación de una barrica nueva implica roble, energía, transporte, transformación industrial y una determinada huella ambiental. Cuando una barrica existente puede regenerarse y volver a incorporarse al proceso productivo, se abre una alternativa basada en la extensión de su vida útil mediante una intervención enológica controlada.

Esto conecta directamente con uno de los principios que marcarán la viticultura y la enología de las próximas décadas: adaptarse al cambio climático también significa aprender a hacer más y mejor con los recursos que ya tenemos.

Del viñedo a la barrica: una misma lógica de adaptación

La paradoja es interesante.

En el viñedo buscamos estrategias para ralentizar o modular una maduración que, en determinadas condiciones, se produce demasiado rápidamente.En bodega buscamos controlar cada vez mejor la evolución del vino y adaptar la crianza a la materia prima que recibimos. Y en la gestión de las barricas buscamos prolongar la vida útil de aquellos elementos que todavía pueden aportar valor. Son problemas diferentes, pero responden a una misma necesidad: adaptación.

La viticultura ya está adaptándose mediante nuevas variedades, cambios en el manejo del canopy, selección de emplazamientos, utilización de diferentes sistemas de conducción o estrategias para mejorar la disponibilidad hídrica. La enología también tendrá que seguir adaptándose. Y la gestión del parque de barricas forma parte de esa adaptación.

Una barrica no debería medirse solo por su edad: repensar la gestión del parque de barricas

En este nuevo escenario, quizá debamos cambiar la pregunta.

En lugar de preguntarnos únicamente ¿cuántos años tiene esta barrica?, deberíamos preguntarnos:

¿qué capacidad enológica conserva y cómo podemos recuperar las que ha perdido?

Esta perspectiva modifica completamente el concepto de vida útil, y con ella, la propia gestión de las barricas en bodega.

Una barrica de varios usos no tiene por qué ser automáticamente un residuo. Su potencial dependerá de su estado, de su historial, de su higiene y, sobre todo, de la posibilidad de recuperar de manera controlada la superficie de roble que participa en la crianza.

Ese es el principio sobre el que trabaja Barena®.

Regenerar una barrica no es volver atrás. Es darle una nueva oportunidad enológica.

La adaptación empieza mucho antes de la vendimia

Cada vendimia nos recuerda que el vino es una consecuencia directa del clima.

El reto para el sector será mantener la identidad, el equilibrio y la calidad de los vinos mientras cambian las condiciones en las que se producen.

La respuesta no estará en una única tecnología ni en una única decisión.

Estará en una suma de decisiones inteligentes.

En el viñedo.

En la bodega.

En la crianza.

Y también en la manera en que gestionamos las barricas que ya tenemos.